El silencio en el vestíbulo del Hospital Universitario Apex era tan denso que casi se podía escuchar el eco de las gotas de café que aún caían del traje de Katherine. Tiffany Jones permanecía inmóvil, con los ojos desorbitados y el teléfono celular colgando de sus dedos inertes. La transmisión en vivo seguía activa, y los miles de espectadores en la pantalla ahora inundaban el chat con comentarios de burla y asombro al presenciar la caída fulminante de la “esposa del CEO”.
Dos guardias de seguridad de complexión robusta aparecieron de inmediato, respondiendo a la sutil señal del Dr. Chen. Se colocaron a los costados de Tiffany, cuyos delirios de grandeza se habían transformado en un temblor incontrolable.
—Por favor, señorita Jones, entregue su credencial y acompáñenos —dijo el jefe de seguridad con voz firme.
—No… esto no puede ser verdad —sollozó Tiffany, mirando a Katherine con una mezcla de terror y súplica—. Por favor, señora Hayes… no sabía quién era usted. Mark me dijo que él manejaba todo, que usted solo era una sombra. ¡Tengo una carrera, no me destruya!
Katherine ni siquiera se dignó a mirarla directamente. Mantuvo su postura erguida, con la majestuosidad de quien no necesita levantar la voz para demostrar autoridad.
—Usted se destruyó sola, señorita Jones, el día que olvidó que la medicina se fundó sobre la empatía y no sobre la arrogancia —respondió Katherine, con una frialdad implacable—. Saquen sus pertenencias del hospital. Si vuelve a pisar esta propiedad, será arrestada por violación de la privacidad de los pacientes.
Mientras la seguridad escoltaba a una Tiffany deshecha en lágrimas hacia la salida, las puertas del ascensor privado se abrieron de golpe. Mark Thompson corrió hacia el vestíbulo, con la corbata de seda torcida y el sudor perlándole la frente. El hombre encantador de las vallas publicitarias había desaparecido; en su lugar, solo quedaba un farsante acorralado.
—¡Katherine! —gritó Mark, intentando acercarse, pero el Dr. Chen y Henry se interpusieron de inmediato en su camino, formando una barrera humana—. Tienes que escucharme. Lo de Tiffany fue un error, una aventura insignificante. ¡He trabajado duro por este hospital! No puedes echarme así.
Katherine caminó lentamente hacia él. A pesar de la gran mancha marrón que arruinaba su traje blanco, su presencia llenaba todo el lugar.
—¿Tu hospital, Mark? —preguntó ella, con una sonrisa cargada de desprecio—. El dinero de mi familia pagó cada ladrillo. Mi mente negoció cada contrato que te hizo lucir como un genio. Fuiste un accesorio costoso que decidí ponerme, pero los accesorios pasan de moda cuando se llenan de fango.
Mark palideció, dándose cuenta de que la auditoría que Katherine mencionó significaba el fin de su carrera y, muy probablemente, el inicio de una sentencia de prisión por fraude.
—La junta ya aprobó tu destitución unánime, efectiva desde hace cinco minutos —concluyó Katherine, dándole la espalda—. Seguridad, escolten al ex-CEO fuera del edificio.
El vestíbulo estalló en aplausos silenciosos mientras Mark era retirado bajo las miradas de desprecio del personal médico que tanto había ignorado. Katherine miró al Dr. Chen y a Henry, sintiendo que el santuario de su padre finalmente volvía a estar limpio. El traje estaba arruinado, pero el reino volvía a estar en manos de su verdadera reina.
THE END
